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Cazú Zegers

Construir un nuevo lenguaje arquitectónico

La destacada arquitecta chilena se instaló con un discurso vanguardista, y por qué no decirlo, algo rupturista para la escena arquitectónica local. ¿La razón? Incorporó la poesía como un ingrediente novedoso a la hora de replantear la arquitectura.

Algunos dicen que la arquitectura es una expresión en sí misma del arte. Una disciplina que busca homenajear la belleza a través de las instalaciones, pues desde un edificio es posible establecer una visión del mundo o algo más ambicioso aún: plasmar el curso de la historia.

Considerando esta visión de la arquitectura, la chilena María del Carmen Zegers García, o más conocida como Cazú Zegers, se instaló con un discurso vanguardista, y por qué no decirlo, algo rupturista para la escena arquitectónica local. ¿La razón? incorporó la poesía como un ingrediente novedoso en su búsqueda de plantear nuevas formas arquitectónicas.

Pero fue en los años ’80, cuando montada arriba de una moto, recorrió los extensos kilómetros del territorio chileno. Una experiencia que la marcaría profundamente, ya que los viajes le ampliaron la mirada hacia la diversidad de paisajes, culturas y formas de replantear la arquitectura.

Es más. Ecuador, Perú, Panamá, Guatemala, Tierra del Fuego, el altiplano andino, las islas del Pacífico y el Caribe, México, Estados Unidos, Europa, India, Nepal, Japón y China, son algunos de los lugares en los cuales se empapó de nuevas ideas y conocimientos, para así romper con los moldes tradicionales de la arquitectura.

Un sello único

Entre 1987 y 1988, la destacada arquitecta chilena trabajó y estudió en New York. Tras su regreso a Chile abrió su estudio en 1990 y tres años más tarde obtuvo el Gran Premio Latinoamericano de Arquitectura en la Bienal de Buenos Aires por la Casa Cala.

A partir de entonces, Zegers ha estado reflexionando sobre la identidad chilena, a través de sus diseños centrados principalmente en viviendas, donde trabaja la madera desde técnicas ancestrales y recicla arquitectura vernácula (es decir, de carácter doméstico, nativa e indígena).

Una de sus obras más emblemáticas y premiadas es el Hotel Tierra Patagonia (Hotel del Viento), en el que plasmó un lenguaje contemporáneo para la madera curvada en una obra de gran magnitud como ésta. Y como contrapunto al Hotel del Viento, un segundo hotel ubicado en el corazón del casco antiguo de Santiago, el Hotel Magnolia, fue recientemente premiado con el Gran Prix Versalles versión 2017. En Magnolia explora el reciclaje y la restauración patrimonial, a partir de la intervención de una casa de conservación histórica, a la que se le agregan 3 pisos.

Así las cosas, la propia Cazú Zegers define su estilo arquitectónico: “En la casa Cala, entendí que la curva es una recta que tiene velocidad y se curva por la tensión. De esta observación es que mi arquitectura incorpora la curva, ya que me interesa el tema de la arquitectura dinámica. No me llama la atención la arquitectura estática, gravitacional. Me atrae la velocidad, la levedad y los temas expuestos por Ítalo Calvino en sus 6 Propuestas para el próximo milenio: levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad, consistencia”.

Palabras que marcan tendencia de quien es considerada una de las 20 mejores arquitectas mujeres del mundo, según la revista World Architecture” (2008). Reconocimiento que fue reafirmado por su “técnicamente” segundo lugar al ser finalista del premio ARCVISION versión 2016, considerado como el Pritzker mujer.